Maig 2, 2007
En la mitologia griega Medea era la hija de Eetes, rey de la Cólquida y de la ninfa Asterodia. Era sacerdotisa de Héracles, que algunos consideran su madre y de la que se supone que aprendió los principios de la hechicerÃa junto con su tÃa, la maga Circe. AsÃ, Medea es el arquetipo de bruja o hechicera, con ciertos rasgos de chamanismo.
La huida de la Cólquida
Cuando Jasón y los argonautas llegaron a la Cólquida y reclamaron el vellocino de oro, el rey Eetes les prometió que se lo entregarÃa sólo si eran capaces de realizar ciertas tareas. En primer lugar Jasón tenÃa que uncir dos bueyes que exhalaban llamaradas de fuego por la boca y arar un campo con ellos. Una vez arado deberÃa sembrar en los surcos arados los dientes de dragón que Eetes le dio. Jasón aceptó las condiciones, a pesar de que salir airoso de la prueba se le antojaba imposible.
Sin embargo Medea, traspasado su corazón por los dardos certeros de amor de Eros y aconsejada por su hermana, cuyos hijos habÃa salvado Jasón de perecer en la isla de los pájaros, visitó esa misma noche la tienda de Jasón y le proporcionó pociones, ungüentos mágicos e instrucciones precisas para lograrlo. Invulnerable al fuego y poseedor de una fuerza sobrenatural pudo el héroe someter a los bueyes y uncirlos al arado, roturando a continuación la porción de tierra acordada. Después, tras arrojar los dientes en los surcos, se retiró a observar cómo de cada diente surgÃa un soldado esqueleto: los hombres sembrados, fuertemente armados. Tras esperar pacientemente a que se desarrollasen completamente un gran número de ellos, y siguiendo los consejos de Medea, arrojó una enorme piedra entre los soldados y éstos, que no sabÃan quién la habÃa arrojado, lucharon encarnizadamente entre sà por hacerse con ella hasta la muerte. Finalmente, aún bajo los efectos de las pociones mágicas de Medea, Jasón acabó con los que quedaron en pie.
Tras salir airoso de esta prueba, Eetes se enojó sobremanera y se negó a cumplir su parte del trato. Guiados entonces por Medea los argonautas llegaron al bosque donde se escondÃa el Vellocino de Oro, donde Medea exhortó a los presentes a evitar ser hipnotizados no mirando a los ojos a su guardian, una serpiente enorme que jamás dormÃa. Ayudada de unas hierbas especiales y sus propios poderes hipnóticos Medea logró dormirla permitiendo asà que Jasón cogiera el preciado trofeo y pudieran todos regresar con él a su patria.
La expedición de los argonautas partió entonces con la compañÃa de Medea ya que, sabedora de que su traición nunca serÃa perdonada y enamorada perdidamente de Jasón, habÃa rogado poder huir con la expedición a cambio de sus servicios. Jasón no solo habÃa accedido sino que prometió hacerla su esposa, jurándole que le serÃa siempre fiel. Eetes mandó entonces a su hijo mayor Apsirto al frente de una gran flota a perseguirlos. Cuando logró al fin darles alcance, Jasón acordó con Apsirto entregar a Medea a cambio de poder continuar su viaje con el Vellocino. Pero Medea urdió nuevamente una estratagema para que su hermanastro se presentase solo a la negociación, lo que aprovechó Jasón para asesinarle a traición y arrojar su cuerpo, troceado en múltiples pedazos, al mar. El desconsolado Eetes tuvo que entrenerse recogiendo uno por uno los restos de su hijo, lo que dio ventaja a los argonautas para que pudieran escapar.
Existen varias versiones acerca de la ruta que siguieron los argonautas a partir de entonces, ya que la versión que nos ha llegado se pone en duda al requerir un trayecto por tierra por media Europa (bien vadeando rÃos navegables, bien arrastrando por tierra firme su nave Argos).
Medea fue aún muy útil a la expedición curando, por ejemplo, a la argonauta Atalanta cuando ésta fue herida en combate. Cuando llegaron a Testalia profetizó que el timonel del Argo, Eufema, reinarÃa sobre Libia. Esta profecÃa se materializó en Bato, descendiente de Eufemo.
La muerte de Pelias
Mientras Jasón buscaba el vellocino de oro, Hera seguÃa maquinando su forma de vengarse del rey Pelias, al que odiaba profundamente. Utilizó artimañas para hacerle enamorarse de Medea, pues la diosa pensaba que esa terrible mujer lo acabarÃa matando tarde o temprano. Cuando Jasón y Medea llegaron a Yolcos PelÃas se negó a entregarle el trono, a pesar de que habÃan traÃdo el vellocino. Medea conspiró entonces para que fueran las propias hijas de PelÃas las que acabasen con él: caracterizada como una anciana sacerdotisa hiperborea de la diosa Artemisa les demostró que se podÃa rejuvenecer a un anciano troceando a Esón (el padre de Jasón) e hirviendo los pedazos en un caldero. Al instante un Esón rejuvenecido saltó de él. Pero cuando las hijas de PelÃas, exceptuando la menor de ellas, con la mejor intención, hicieron lo mismo, éste no sobrevivió.
Cuando Jasón y los argonautas llegaron a la Cólquida y reclamaron el vellocino de oro, el rey Eetes les prometió que se lo entregarÃa sólo si eran capaces de realizar ciertas tareas. En primer lugar Jasón tenÃa que uncir dos bueyes que exhalaban llamaradas de fuego por la boca y arar un campo con ellos. Una vez arado deberÃa sembrar en los surcos arados los dientes de dragón que Eetes le dio. Jasón aceptó las condiciones, a pesar de que salir airoso de la prueba se le antojaba imposible.
Sin embargo Medea, traspasado su corazón por los dardos certeros de amor de Eros y aconsejada por su hermana, cuyos hijos habÃa salvado Jasón de perecer en la isla de los pájaros, visitó esa misma noche la tienda de Jasón y le proporcionó pociones, ungüentos mágicos e instrucciones precisas para lograrlo. Invulnerable al fuego y poseedor de una fuerza sobrenatural pudo el héroe someter a los bueyes y uncirlos al arado, roturando a continuación la porción de tierra acordada. Después, tras arrojar los dientes en los surcos, se retiró a observar cómo de cada diente surgÃa un soldado esqueleto: los hombres sembrados, fuertemente armados. Tras esperar pacientemente a que se desarrollasen completamente un gran número de ellos, y siguiendo los consejos de Medea, arrojó una enorme piedra entre los soldados y éstos, que no sabÃan quién la habÃa arrojado, lucharon encarnizadamente entre sà por hacerse con ella hasta la muerte. Finalmente, aún bajo los efectos de las pociones mágicas de Medea, Jasón acabó con los que quedaron en pie.
Tras salir airoso de esta prueba, Eetes se enojó sobremanera y se negó a cumplir su parte del trato. Guiados entonces por Medea los argonautas llegaron al bosque donde se escondÃa el Vellocino de Oro, donde Medea exhortó a los presentes a evitar ser hipnotizados no mirando a los ojos a su guardian, una serpiente enorme que jamás dormÃa. Ayudada de unas hierbas especiales y sus propios poderes hipnóticos Medea logró dormirla permitiendo asà que Jasón cogiera el preciado trofeo y pudieran todos regresar con él a su patria.
La expedición de los argonautas partió entonces con la compañÃa de Medea ya que, sabedora de que su traición nunca serÃa perdonada y enamorada perdidamente de Jasón, habÃa rogado poder huir con la expedición a cambio de sus servicios. Jasón no solo habÃa accedido sino que prometió hacerla su esposa, jurándole que le serÃa siempre fiel. Eetes mandó entonces a su hijo mayor Apsirto al frente de una gran flota a perseguirlos. Cuando logró al fin darles alcance, Jasón acordó con Apsirto entregar a Medea a cambio de poder continuar su viaje con el Vellocino. Pero Medea urdió nuevamente una estratagema para que su hermanastro se presentase solo a la negociación, lo que aprovechó Jasón para asesinarle a traición y arrojar su cuerpo, troceado en múltiples pedazos, al mar. El desconsolado Eetes tuvo que entrenerse recogiendo uno por uno los restos de su hijo, lo que dio ventaja a los argonautas para que pudieran escapar.
Existen varias versiones acerca de la ruta que siguieron los argonautas a partir de entonces, ya que la versión que nos ha llegado se pone en duda al requerir un trayecto por tierra por media Europa (bien vadeando rÃos navegables, bien arrastrando por tierra firme su nave Argos).
Medea fue aún muy útil a la expedición curando, por ejemplo, a la argonauta Atalanta cuando ésta fue herida en combate. Cuando llegaron a Testalia profetizó que el timonel del Argo, Eufema, reinarÃa sobre Libia. Esta profecÃa se materializó en Bato, descendiente de Eufemo.
La muerte de Pelias
Mientras Jasón buscaba el vellocino de oro, Hera seguÃa maquinando su forma de vengarse del rey Pelias, al que odiaba profundamente. Utilizó artimañas para hacerle enamorarse de Medea, pues la diosa pensaba que esa terrible mujer lo acabarÃa matando tarde o temprano. Cuando Jasón y Medea llegaron a Yolcos PelÃas se negó a entregarle el trono, a pesar de que habÃan traÃdo el vellocino. Medea conspiró entonces para que fueran las propias hijas de PelÃas las que acabasen con él: caracterizada como una anciana sacerdotisa hiperborea de la diosa Artemisa les demostró que se podÃa rejuvenecer a un anciano troceando a Esón (el padre de Jasón) e hirviendo los pedazos en un caldero. Al instante un Esón rejuvenecido saltó de él. Pero cuando las hijas de PelÃas, exceptuando la menor de ellas, con la mejor intención, hicieron lo mismo, éste no sobrevivió.
Abandono de Jasón
A pesar de haberse librado ya de PelÃas, los habitantes de Yolco aborrecieron el magnicidio y Jasón y Medea se vieron obligados a dejar Yolcos partiendo hacia Corinto, llamados por los habitantes de esta ciudad sobre la que Medea pretendÃa tener derechos al trono. Allà Jasón acordó con el rey Creonte abandonar a Medea, a la que el Rey pretendÃa expulsar de Corinto, para unirse a su hija la princesa Glauca. Medea entonces, arrastrada por los celos, envió a Glauca como regalo de bodas un manto de irresistible belleza. Cuando Glauca lo recibió de manos de la sirvienta de Medea se lo puso de inmediato, liberando la magia contenida en él que la convirtió en una tea llameante. Las llamas la consumieron totalmente a ella y a Creonte, que se abalanzó sobre ella con intención de salvarla. A continuación, según la versión que nos ha llegado y para hacer el máximo daño a Jasón, mató a los dos hijos que habÃan tenido en común. Otra versión afirma que Jasón habÃa dejado a Medea por Creúsa, que parece ser la propia Glauca, a la que Medea regaló un vestido que al ponérselo se le pegarÃa al cuerpo y la matarÃa.
Los habitantes de Corinto, bien en venganza por la muerte de Creonte o bien decepcionados por el comportamiento de Medea, la apedrearon en el templo deHera y la obligaron a abandonar la ciudad en el carro de serpientes aladas que le habÃa regalado su abuelo Helio. Una versión de la historia narra que fueron ellos los que mataron a los hijos de Medea, que conspiraba continuamente para asegurarse el trono. Pero en castigo una epidemia fue acabando con todos los niños de la ciudad. Corinto no se libró de esta maldición hasta que por consejo del oráculo de Delfos hicieron sacrificios solemnes a los hijos de Medea, y obligaron a los suyos a guardar luto. Esto justificarÃa por qué los dirigentes de Corinto en el siglo V adC pagaron al dramaturgo EurÃpides para que narrara la tragedia de Medea en Corinto atribuyéndole a la protagonista toda la lista de asesinatos y lavando asà la imagen de la ciudad.
A pesar de haberse librado ya de PelÃas, los habitantes de Yolco aborrecieron el magnicidio y Jasón y Medea se vieron obligados a dejar Yolcos partiendo hacia Corinto, llamados por los habitantes de esta ciudad sobre la que Medea pretendÃa tener derechos al trono. Allà Jasón acordó con el rey Creonte abandonar a Medea, a la que el Rey pretendÃa expulsar de Corinto, para unirse a su hija la princesa Glauca. Medea entonces, arrastrada por los celos, envió a Glauca como regalo de bodas un manto de irresistible belleza. Cuando Glauca lo recibió de manos de la sirvienta de Medea se lo puso de inmediato, liberando la magia contenida en él que la convirtió en una tea llameante. Las llamas la consumieron totalmente a ella y a Creonte, que se abalanzó sobre ella con intención de salvarla. A continuación, según la versión que nos ha llegado y para hacer el máximo daño a Jasón, mató a los dos hijos que habÃan tenido en común. Otra versión afirma que Jasón habÃa dejado a Medea por Creúsa, que parece ser la propia Glauca, a la que Medea regaló un vestido que al ponérselo se le pegarÃa al cuerpo y la matarÃa.
Los habitantes de Corinto, bien en venganza por la muerte de Creonte o bien decepcionados por el comportamiento de Medea, la apedrearon en el templo deHera y la obligaron a abandonar la ciudad en el carro de serpientes aladas que le habÃa regalado su abuelo Helio. Una versión de la historia narra que fueron ellos los que mataron a los hijos de Medea, que conspiraba continuamente para asegurarse el trono. Pero en castigo una epidemia fue acabando con todos los niños de la ciudad. Corinto no se libró de esta maldición hasta que por consejo del oráculo de Delfos hicieron sacrificios solemnes a los hijos de Medea, y obligaron a los suyos a guardar luto. Esto justificarÃa por qué los dirigentes de Corinto en el siglo V adC pagaron al dramaturgo EurÃpides para que narrara la tragedia de Medea en Corinto atribuyéndole a la protagonista toda la lista de asesinatos y lavando asà la imagen de la ciudad.
Medea y Heracles
Cuando Medea huyó de Corinto se propuso buscar a Heracles, pues éste le habÃa prometido auxilio en el caso de que Jasón dejara de cumplir con su palabra. Lo encontró en Tebas, pero la furia de Hera lo habÃa enloquecido. Medea le curó con sus remedios, pero fue expulsada por los tebanos, que no le perdonaban haber matado a su rey Creonte.
Medea en Atenas
Tras errar por distintos lugares en busca de protección, Medea llegó a la ciudad de Atenas, cuyo rey, Egeo, no sólo le ofreció hospitalidad sino que se casó con ella con la esperanza de que sus hechicerÃas le permitieran concebir un hijo pese a lo avanzado de su edad. La bruja cumplió sus expectativas teniendo de él un hijo al que llamaron Medo.
Cuando Teseo, el hijo secreto de Egeo, llegó a Atenas dispuesto a que su padre le reconociera como heredero, Medea lo tomó como una amenaza al futuro de su hijo, e intentó envenenarlo. Pero Teseo la descubrió, y acusada de cometer horribles crÃmenes y de brujerÃa, Medea tuvo que huir de nuevo, esta vez con su hijo.
Cuando Medea huyó de Corinto se propuso buscar a Heracles, pues éste le habÃa prometido auxilio en el caso de que Jasón dejara de cumplir con su palabra. Lo encontró en Tebas, pero la furia de Hera lo habÃa enloquecido. Medea le curó con sus remedios, pero fue expulsada por los tebanos, que no le perdonaban haber matado a su rey Creonte.
Medea en Atenas
Tras errar por distintos lugares en busca de protección, Medea llegó a la ciudad de Atenas, cuyo rey, Egeo, no sólo le ofreció hospitalidad sino que se casó con ella con la esperanza de que sus hechicerÃas le permitieran concebir un hijo pese a lo avanzado de su edad. La bruja cumplió sus expectativas teniendo de él un hijo al que llamaron Medo.
Cuando Teseo, el hijo secreto de Egeo, llegó a Atenas dispuesto a que su padre le reconociera como heredero, Medea lo tomó como una amenaza al futuro de su hijo, e intentó envenenarlo. Pero Teseo la descubrió, y acusada de cometer horribles crÃmenes y de brujerÃa, Medea tuvo que huir de nuevo, esta vez con su hijo.
Medea en el destierro
Tras huir precipitadamente de Atenas Medea se refugió en Italia donde enseñó a los nativos cómo encantar serpientes. Estos la veneraron como diosa, con el nombre de Angitia.
Al pasar por Tesalia (región llamada asà por su hijo Tésalo), Medea compitió con Tetis en un certámen de belleza que presidÃa Idomeneo, rey de Creta. De allà pasó a Fenicia, estableciéndose allà durante un tiempo. Por último pasó a Asia superior, donde se casó con uno de los reyes más poderosos del lugar, al que sucedió en el trono. Algunos autores afirman que fue éste, y no Egeo, el padre de Medo.
Habiéndose enterado de que su padre Eetes habÃa sido destronado por su propio hermano Perses, Medea y su hijo acudieron en su ayuda. Medo mató a Perses y repuso a su abuelo al frente del reino de Cólquida, que engrandeció uniéndolo al suyo. Este nuevo paÃs recibirÃa en su honor el nombre de Media.
Medea no murió, sino que se hizo inmortal y moró en los Campos ElÃseos, donde dicen que se casó con Aquiles.
Tras huir precipitadamente de Atenas Medea se refugió en Italia donde enseñó a los nativos cómo encantar serpientes. Estos la veneraron como diosa, con el nombre de Angitia.
Al pasar por Tesalia (región llamada asà por su hijo Tésalo), Medea compitió con Tetis en un certámen de belleza que presidÃa Idomeneo, rey de Creta. De allà pasó a Fenicia, estableciéndose allà durante un tiempo. Por último pasó a Asia superior, donde se casó con uno de los reyes más poderosos del lugar, al que sucedió en el trono. Algunos autores afirman que fue éste, y no Egeo, el padre de Medo.
Habiéndose enterado de que su padre Eetes habÃa sido destronado por su propio hermano Perses, Medea y su hijo acudieron en su ayuda. Medo mató a Perses y repuso a su abuelo al frente del reino de Cólquida, que engrandeció uniéndolo al suyo. Este nuevo paÃs recibirÃa en su honor el nombre de Media.
Medea no murió, sino que se hizo inmortal y moró en los Campos ElÃseos, donde dicen que se casó con Aquiles.
SaNdRa NaVaRrO gÓmEz 4ºB
